RENOVADO EL ACUERDO PESQUERO CON MAURITANIA.

Esta mañana una muy amplia mayoría del Parlamento Europeo ha aprobado la renovación del principal acuerdo pesquero que mantiene la UE con un tercer país. Se trata de Mauritania en cuyas aguas territoriales más de ochenta barcos europeos podrán capturar los excedentes pesqueros de que dispone el país. Mauritania recibirá a cambio más de sesenta millones de euros anuales. El informe sobre el acuerdo, del que he sido ponente, ha sido ratificado por 557 votos a favor. Han votado 34 diputados en contra y se han registrado 31 abstenciones. El convenio tendrá una vigencia de seis años, aunque se prevén revisiones durante los mismos para ajustar cuotas y cantidades en función de los datos científicos. El primer acuerdo de pesca entre la UE y Mauritania fue aprobado en 1987. El nuevo tratado se aplica provisionalmente desde noviembre de 2021 y está previsto que finalice en noviembre de 2027.

La renovación de este acuerdo es una buena noticia para la gestión de los recursos marítimos de todo el mundo y para el sector pesquero mauritano y comunitario. Es el acuerdo más importante de los que están en vigor. Ofrece oportunidades a 86 buques europeos para explotar los stocks excedentes de pescado que hay en aquellas aguas territoriales en estrictas condiciones de control y transparencia. Expresa la voluntad del sector europeo para operar en todo el mundo con prácticas sostenibles para el medio, justas para las personas que viven del mar y comprometidas con el desarrollo de la economía local. Mauritania recibirá, a cambio 57,5 millones de euros al año a cambio de un máximo de 290.000 toneladas de pescado. Otros 3,3 millones de euros anuales se destinarán a apoyar a la comunidad pesquera local.

En este acuerdo además hay una apuesta decidida por empoderar a las mujeres mauritanas y fortalecer su papel en la cadena de valor que genera el sector pesquero. Además, se subraya la importancia de abordar el insostenible crecimiento de la producción, en el país, de harina y aceite de pescado destinadas a las explotaciones de acuicultura en Asia. Un ejemplo de cooperación, de responsabilidad y de compromiso con los valores ambientales y sociales de la unión que ofrece oportunidades a las dos partes que firman el acuerdo.

Espero que los hechos acaben de convencer a quienes aún critican estos acuerdos que son, para empezar herramientas de cooperación. Pero además son instrumentos para combatir en todo el mundo la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada y para impedir que productos obtenidos así puedan llegar a nuestros mercados. Visitando estos países se percibe con claridad el interés que tienen los estados que quieren sustituirnos allí y que no destacan precisamente por la sostenibilidad de sus prácticas pesqueras por desacreditar la aportación europea, por extender fake news que son gozosa y acríticamente introducidas en nuestra opinión por organizaciones supuestamente ambientalistas que hacen un flaco favor a la sostenibilidad de la actividad pesquera en todo el mundo.

Por eso y no mes la primera vez, reitero mi petición de apoyo para el sector y defensa de su imagen. La pasividad de la comisión europea en este campo resulta ya irresponsable. Y abona comportamientos como los sufridos recientemente por armadores europeos en Senegal, ninguneados, perjudicados y puestos al borde de la ruina por una actuación arbitraria que no comparte la ciudadanía del país afectado. Tuve ocasión de comprobar sobre el terreno en Senegal en febrero una cosa (las campañas de fake news) y la otra, la aceptación de los efectos del acuerdo cuando se difundían en sus términos reales o cuando se contrastaban con senegaleses que los conocen directamente a causa de su actividad profesional.

Y es que, como comentaba la presencia de barcos allí procedentes de flotas de España, Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Letonia, Lituania, Países Bajos, Polonia y Portugal añade control y transparencia a las actividades pesqueras propias y a las locales. Porque el acuerdo obliga a Mauritania a hacer públicos todos sus acuerdos pesqueros con terceros países. De este modo, se garantiza que los buques de la UE operen en las mismas condiciones que cualquier otra flota operando allí.

Además, este acuerdo se interna en otro de los grandes temas que afectan a la sostenibilidad de la actividad pesquera en el país porque aboga por acabar con la sobrepesca de pequeños pelágicos, que pone en riesgo la seguridad alimentaria local y contamina el agua por las técnicas que se utilizan para practicarla. Encima el fruto de esta actividad extractiva se transforma en harina y aceite de pescado que se vende a las piscifactorías asiáticas en vez de abastecer el consumo local. En 2017 ya se alcanzó un compromiso para eliminar gradualmente esta práctica que debería haberse erradicado en 2020, pero la fabricación de harina y aceite sigue en expansión y, por supuesto, nada tiene que ver en ella la flota comunitaria.

Esta previsión se completa con otra cláusula de contenido social que obliga a la flota comunitaria a entregar el 2% de sus capturas pelágicas a las personas necesitadas, desembarcándolas en la Sociedad Nacional de Distribución de Pescado (SNDP) ya asegurándose de que lleguen al público a quien debe favorecer esta donación.

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