LA MEJOR VACUNA CONTRA LAS FAKE NEWS QUE ALIMENTAN EL ODIO SON LAS NOTICIAS DE VERDAD

Esta tarde hemos tenido una reunión de Eurolat en el seno de su comisión de asuntos políticos, seguridad y derechos humanos de la Delegación de Eurolat, una agrupación de parlamentarios de la eurocámara y de distintas asambleas parlamentarias de américa latina y región del Caribe, como los parlamentos de Mercosur, el Parlandino, el Parlatino, el parlamento latinoamericano, etc. EuroLat adopta y presenta resoluciones y recomendaciones a varias organizaciones, instituciones y grupos ministeriales responsables del desarrollo de la Asociación Estratégica Birregional. En el orden del día la parte europea ha presentado un documento de trabajo para colaborar en ambas regiones del mundo para combatir los discursos de odio y proteger los derechos de las víctimas de la violencia y discriminación que produce.

Yo me he centrado en recordar que contra el discurso del odio y las falsas noticias que lo alientan hacen falta “noticias de verdad, empatía, diversidad, una educación que enseñe a separar el trigo de la paja y algoritmos más trasparentes en las redes sociales”. En el día internacional de la libertad de prensa he lamentado que la persecución del periodismo y la precarización de los periodistas colaboren objetivamente con este problema.

La prevención de los discursos se odio debe de ser tan global, completa y compleja como las causas que los han hecho progresar.  Nuestra Unión ha demostrado que promover la diversidad como nexo entre personas muy diferentes es fuente de convivencia, de paz, de desarrollo y justicia social.  El odio y sus impulsores se basan, precisamente, en la idea contraria. Pintan un mundo en blanco y negro en el que unos, nosotros, los buenos, somos los elegidos, los que tenemos derechos. El resto, los demás, los otros, no merecen respeto ni consideración.

Frente a ese esquema de pensamiento que degrada el debate público, empatía y diversidad hay que empezar dando ejemplo. Los que tenemos responsabilidades políticas deberíamos promover el acuerdo frente a la polarización, porque la vida de verdad y la convivencia cotidiana son posibles porque hay acuerdo y negociación en cada casa, en cada comunidad de vecinos. Y ese esquema debe funcionar también en los parlamentos.

En el día internacional de la libertad de prensa s bueno recordar que necesitamos además unos productores y difusores de noticias contrastadas. En ese sentido hay que destacar que la persecución de los periodistas y la precarización de este noble oficio colabore objetivamente con la expansión del discurso del odio.  Porque las falsas noticias se colocan más fácilmente cuantos menos profesionales de la información puedan elaborar y difundir noticias de verdad.

Finalmente, hay que asumir los cambios en la adquisición y difusión de conocimientos que ha traído la revolución digital tan propicia al conocimiento superficial, al “fast know” tan malo para el conocimiento como lo es el fast food para las arterias.  Necesitamos una educación que enseñe a separar el trigo de la paja aprovechando el acceso a la mucha información que proporciona el entorno digital. Y prestemos atención a los algoritmos que se dedican a lo contrario promoviendo en las redes el discurso más nocivo porque genera tráfico, desestabiliza o impide debates de verdad. Hay demasiados intereses aliados con esos objetivos que están destruyendo nuestra convivencia.

MULTILATERALISMO

 

En la misma reunión de esta comisión los participantes han analizado los cambios que el COVID debe introducir en las políticas de la cooperación y en el impulso del multilateralismo en las relaciones internacionales.  En este debate he destacado que la crisis del COVID se convertirá en oportunidad si pone de moda en todo el mundo el crecimiento sostenible e inclusivo. Vacunar sí, pero también contra la pobreza y la desigualdad. La pandemia ha enseñado mucho sobre profesiones esenciales, deslocalizaciones y nos ha confirmado que un sistema de salud robusto, accesible e igualitario es el tesoro que pensábamos, una de las bases de una sociedad justa. Ha demostrado el valor de la ciencia y la investigación. Y ha puesto de relieve que las desigualdades existentes en estos aspectos entre diferentes zonas del mundo no son ni inteligentes ni sostenibles.

 

Por ello la pandemia debe servirnos para reorientar nuestras políticas de cooperación. Cooperar con la vacunación en los países más pobres es necesario, pero no suficiente. Alinear el mundo con los paradigmas del crecimiento sostenible e inclusivo es el objetivo. Y eso requiere resetear la agenda mundial. El espectacular giro en el discurso económico de los estados unidos en los primeros cien días de la presidencia de Biden son un paso en la buena dirección. La Unión tiene una de sus señas de identidad en su modelo social. Financiarlo, ayudar a extender sus virtudes en otras regiones del mundo requiere una fiscalidad más justa y un compromiso global en esa dirección.  Esa debe de ser la primera piedra del mundo post pandemia, un mundo multilateral, más justo y solidario. De nuevo el todos, el concepto de humanidad es la solución frente al nosotros y al “los otros” en los que se basan la exclusión, la injusticia y la pobreza.

 

 

 

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