ANIMAMOS A BRUSELAS A CORREGIR SU PRIMERA IMPRESION SOBRE EL VERTEDERO DE ZALDIBAR

| 9 septiembre 2020 | Responder

Esta mañana he solicitado a la Comisión Europea que revise y corrija su primera impresión sobre la existencia de posibles deficiencias en el control del vertedero de Zaldibar. Creo que Bruselas se precipitó cuando, sin datos suficientes aseguró el pasado 13 de mayo que lo ocurrido dejaba entrever graves deficiencias que deberían haberse detectado, corregido y sancionado. Aquel juicio de valor se formuló sin un conocimiento mínimo de lo ocurrido en la instalación.

En mi iniciativa he informado a la Comisión, que recibirá el informe completo desde el Gobierno vasco., que hay ya un estudio independiente de la consultora británica Ricargo Energy & Environment que certifica que las inspecciones que se practicaron en el vertedero y las actividades para las que estaba autorizado cumplen la normativa europea tanto en materia de residuos industriales como en gestión de vertederos y que las actividades inspectoras se ajustan igualmente a la legalidad.

Quizá recordéis que La Comisión Europea publicó el pasado 13 de mayo una primera impresión sobre el siniestro acaecido en el vertedero de Zaldibar en respuesta a una batería de preguntas del grupo del Partido Popular en Europa.  Aunque los datos sobre lo ocurrido que figuraban en las preguntas se basaban, precisamente, en inspecciones realizadas por el propio Gobierno Vasco el comisario de medio ambiente Virjinius Sinkevicius anunciaba que Bruselas se interesaría por el siniestro por su dimensión y efectos tanto en términos de pérdida de vidas humanas como en posibles afecciones al medio. Además, expresaba que de la información facilitada en las preguntas, que paradójicamente provenía de datos sobre inspecciones realizadas por el propio Gobierno vasco “deja entrever importantes deficiencias en el funcionamiento del vertedero que las autoridades competentes y/o los órganos jurisdiccionales deberían haber detectado, vigilado y, en última instancia, sancionado”

 El contenido y tono de la respuesta provocó una queja oficial del Gobierno Vasco que puso el acento, precisamente, en que los juicios de valor contenidos en la respuesta se habían realizado sin evacuar la consulta pertinente a las autoridades vascas (que disponen en estos casos de diez semanas para responder a las preguntas que reciban de la Comisión) y en consecuencia, sin datos que permitiesen adelantar ninguna concusión. Esta respuesta nos llamó la atención por su imprudencia y fue tan desacertada que, tras esta queja desde Vitoria y en respuestas a sucesivas preguntas de los mismos diputados, el comisario se cuidó muy mucho en insistir en esta tesis. Así en las semanas posteriores fue mucho más prudente y se limitó a decir que la Comisión Europea no podía hacer ninguna valoración hasta no analizar los datos que le remitiesen desde el País Vasco, que sus autoridades tenían diez semanas para enviarlos y que sólo tras el análisis correspondiente estaría en disposición de hacer alguna valoración. Espero que ahora dé el paso que corresponde: rectificar su juicio inicial y apreciar que, de acuerdo con el contenido de este informe no se han confirmado sus primeras impresiones.

Lamento además lo ocurrido porque la Comisión Europea si se caracteriza por algo es por su extrema prudencia a la hora de emitir juicios de este tipo. Os dejo aquí, porque habla por si mismo, algún ejemplo de “prudencitis”. Incluso cuando se pilló al portavoz del PP en el Congreso alardeando que habían conseguido “manejar por la puerta de atrás” la sala que iba a juzgar a los imputados por el referéndum Catalán, la Comisión Europea contra toda evidencia, optó por una respuesta que huía de las evidencias palmarias y se plegaba a la más nauseabunda corrección política. Y eso que España aparece siempre en los barómetros europeos sobre calidad de su sistema judicial en los últimos lugares precisamente por la neta percepción que tiene la ciudadanía de su falta de independencia. El caso Kitchen que se airea estos días sigue ofreciendo testimonios abochornantes de este problema.

Por eso me sorprendió tato que, en este caso de Zaldibar, y con una encuesta exhaustiva por realizar, sobre la base de datos procedentes precisamente de inspecciones realizadas y que acreditaban que se estaban realizando regular y minuciosamente, incorporase en su respuesta semejante juicio de valor.

En su iniciativa recuerdo a Bruselas que, tras revisarse millones de toneladas de residuos, recuperar el cadáver de una de las personas desaparecidas y estabilizar el terreno” sendos informes acreditan que no ha habido vulneraciones de la legislación comunitaria en este proceso. Así cito el elaborado por el Gobierno Vasco y especialmente al independiente realizado por la auditora británica “Ricargo Energy & Environment” que concluye que las licencias de funcionamiento y los controles periódicos de actividad cumplen la normativa comunitaria y califican las inspecciones de “bien estructuradas y minuciosas”.

 

Con estos argumentos pregunto a la Comisión Europea cuando tendrá listo su dictamen definitivo sobre esta tragedia. Además, quiero que se reconozca que la actitud que ha encontrado en las autoridades competentes durante su trabajo de encuesta ha sido de plena colaboración. Finalmente pregunto directamente si mantiene la Comisión su impresión inicial.

 

 

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