UN DIA HISTÓRICO PARA UNA NUEVA UNIÓN MAS SOCIAL Y MAS SÓLIDA

El acuerdo alcanzado esta madrugada en el seno del Consejo Europeo para afrontar los efectos del COVID es histórico. Por primera vez nos endeudamos juntos para salir juntos de una crisis que es mucho más que económica. Una crisis que hay que resolver con políticas que promuevan un desarrollo más sostenible, más equilibrado e integrador. Por eso este acuerdo tiene también un contenido social y pone el acento en la calidad del estado de derecho. Devuelve, en definitiva, la Unión Europea al espíritu de sus padres fundadores. Por eso tengo para mi que este 21 de julio de 2020 quedará marcado con letras de oro en la historia de Europa. Esta crisis se gestionará, además, en femenino con programa social y con las regiones.

El acuerdo alcanzado en el consejo finalmente pondrá a disposición de los Estados Miembros 750.000 millones entre subsidios (52%) y préstamos (48%). La aplicación de los fondos estado a estado deberá de ser coherente con las recomendaciones de la Comisión Europea e incorporará reformas centradas en promover un crecimiento más sostenible, apoyar las transiciones verde y digital y generar un desarrollo que proporcione una mayor resiliencia económica y social a la Unión. Ello implicará actuaciones para promover el desarrollo industrial pero también previsiones sobre la regulación del mercado laboral, la educación o los sistemas de rentas mínimas.

Quiero recordar que el primer esbozo de este plan se aprobó en el Parlamento Europeo el pasado 17 de abril, en pleno confinamiento. Sus cinco principales grupos diseñaron y aprobaron las líneas maestras de un acuerdo del que va a nacer una Unión capaz de resistir mejor estas crisis desde la perspectiva económica y social. A los grandes medios, plenamente conscientes del poder que tienen los gobiernos de los estados en el esquema institucional de la Unión, se les suele olvidar que desde que se aprobó el tratado de Lisboa, el Parlamento Europeo tiene codecisión en una cuestión tan crítica para un acuerdo como este como la presupuestaria y financiera.

Desde la entrada en vigor de ese tratado los estados no tienen las manos completamente libres para hacer lo que quieran. Por eso fue tan importante la resolución que aprobamos en el Parlamento y el pleno en el que la Presidenta Von der leyen presentó su propuesta de plan de reconstrucción para negociar con el Consejo. Los presidentes de sus cinco grupos más importantes recordaron a los responsables de Comisión y Consejo que el Parlamento no iba a permitir que los principios expresados en aquel acuerdo fuesen traicionados. Finalmente, los principios de aquella primera resolución parlamentaria son las bases que fundamentan y han quedado plasmadas en el acuerdo final. Ahora el Parlamento Europeo tiene codecisión en el Marco Financiero Plurianual el plan director de los presupuestos europeos en los próximos siete años y vuelve a tener ahí la llave para que no haya vuelta atrás.

Ahora hay que aplicar bien este programa. Necesitamos apoyar una transición justa de la economía lineal a la circular, revisar algunos modelos de desarrollo que han acreditado que no son sostenibles y movilizar conocimiento allí donde esté. Por eso es la hora de la co-gobernanza y de la participación. Porque está plenamente demostrado que no hay plan europeo que funcione sin las aportaciones, la implicación, y el conocimiento de las instituciones que están más próximas a la ciudadanía. Instituciones que han sido determinantes en muchos lugares para impulsar y dar aliento a políticas europeas, por ejemplo, en el ámbito de las infraestructuras que no solo se van a mantener, sino que acelerarán en los próximos años en pro de la sostenibilidad. Es el caso, por ejemplo, de Y vasca, que en Europa se considera, entre otras cuestiones, una pieza clave para avanzar hacia un sistema integrado e inteligente de movilidad y en la lucha contra el cambio climático.

Por eso nuestra primera preocupación ahora es introducir el principio de co-gobernanza en la aplicación de estos fondos en el Estado. Ya hemos puesto en marcha iniciativas en esta línea. En el caso de Euskadi tenemos un sector industrial potente, internacionalizado y alineado con estrategias de futuro que puede aprovechar muy bien este impulso. Nuestro principal objetivo es que se tenga en cuenta la especificidad de nuestro tejido económico y que se nos permita participar, como la lógica y la historia aconsejan, en los procesos de decisión sobre la gestión de estos fondos. Por el momento todas las respuestas que hemos recibido desde Europa cuando se habla de este asunto son muy positivas. La propia presidenta Von der Leyen aseguró ante el Comité de las Regiones que efectivamente su papel será fundamental en este plan. En Europa no hay obstáculos para abrir el juego a esa participación. Vamos a ver que ocurre ahora en cada estado.

Conociendo el paño en la “piel de toro” comenzarán en breve los análisis de sesudos especialistas que descalificarán de raíz cualquier pretensión en este sentido. Será, vamos a oírlo, una pretensión provinciana, local, absurda, de gente que no tiene visión general, que es anti europea. No se han asomado, ni lo harán, por supuesto, a la reivindicación en este sentido del peligrosísimo y soberanista Comité de las Regiones, que lleva meses reivindicando lo mismo que nosotros: co-gobernanza y participación.

No me gustaría terminar esta valoración de urgencia sin refutar el discurso que ha venido realizándose durante todas las negociaciones sobre el papel de los mal llamados “paises frugales” o últimamente “halcones”. La propuesta del Parlamento y de la Comisión y el acuerdo que finalmente ha adoptado el consejo es una derrota total de sus tesis habituales, porque nunca hasta hoy habían aceptado la idea de endeudarnos juntos y responder a las deudas con la garantía del presupuesto comunitario. Eso es una victoria en toda regla de los que queremos una Europa federal, basada en los principales valores que la fundaron, la empatía, la solidaridad, la democracia y los derechos fundamentales. Esos valores tienen ahora una expresión en euros contantes y sonantes. Ha ganado Europa y han ganado, también los frugales, cuyas economías dependen de la buena marcha de las economías del resto de los estados europeos.

Todos los “tiras y aflojas” que hemos vivido en estos dos días me parecen más la búsqueda de argumentos para vender a sus opiniones públicas unos acuerdos que todos saben imprescindibles para el futuro de la Unión que otra cosa. Y recalco, con el acuerdo esos estados salen también beneficiados. Porque buena parte de su prosperidad se basa en la capacidad de compra y consumo del mercado único.  El año que viene elecciones en Holanda.

 

 

 

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