POR UN PLAN EUROPEO PARA PROMOVER LA PARTICIPACION DE LOS TRABAJADORES EN EL CAPITAL DE LAS EMPRESAS.

| 6 febrero 2019 | Responder

La delegación vasca que ha participado esta mañana en las jornadas sobre economía social

Ya sabéis que la Unión Europea lanzó la estrategia de crecimiento 2020 para propiciar que el desarrollo en este continente sea inteligente, sostenible e integrador. Inteligente quiere decir que se base en el conocimiento. Sostenible, que pueda mantenerse en el tiempo y que se base en una utilización adecuada de los recursos y las materias disponibles. E integrador, que el desarrollo que se genere se reparta adecuadamente para que nadie quede en el camino. En esa pata de esta estrategia encaja como un guante la tendencia a propiciar que los trabajadores de las empresas participen en el capital de las mismas. Analizar buenas prácticas y resultados de estas experiencias y plantear posibles estrategias a nivel europeo para propiciar que cada vez más trabajadores sean, a la vez accionistas de las compañías para las que trabajan ha sido el eje central de unas jornadas a las que ha asistido una significativa delegación vasca y que estaban organizadas esta mañana en Bruselas por mi colega Renate Weber.

Aquí os dejo un vídeo en el que ellas misma y algunos de los participantes vascos en esta jornada hemos grabado al concluir la misma. Hablan la propia Renate, Josetxo Hernandez Duñabeitia, gerente de ASLE, asociación vasca de sociedades Laborales y Jokin Perona Lerchundi, Director de Hacienda de la Diputación de Gipuzkoa. Esta institución se ha marcado como objetivo estratégico promover este mecanismo de participación de los trabajadores en sus compañías. Persiguen hacer de este territorio un espacio líder en el reparto equitativo de renta y riqueza a nivel mundial. Los indicadores les animan, porque ya se encuentran al nivel de los países nórdicos europeos más avanzados. Y tiene un plan para conseguirlo. Un plan en el que promover la participación de los trabajadores en el capital de las compañías es una pieza clave. Aquí podéis descargaros un resumen del mismo.

Esta es una estrategia compartida también a nivel vasco y navarro. De hecho ambos parlamentos aprobaron sendas declaraciones institucionales por unanimidad en favor de este tipo de iniciativas. El texto descansa en Una cultura de cooperación, corresponsabilidad y preocupación por las personas, frente al paradigma de confrontación como actitud básica. Apuesta también por La participación de los trabajadores en la gestión y/o en los resultados y/o en la propiedad. Establece como prioridad la sostenibilidad del proyecto colectivo sobre los intereses de cualesquiera de los grupos de interés y anima a las compañías fundadas sobre estas premisas a tener en cuenta las necesidades de la comunidad en la que se asienta. Para el impulso de dicho modelo la PNL insta al Gobierno a que ponga en marcha un plan para promover este  modelo inclusivo participativo vasco de empresa. Aquí, en Europa además del informe de iniciativa al que me he referido, yo misma me adherí y firme otra declaración a nivel europeo que se ha planteado a todos los candidatos a las elecciones que se celebrarán el próximo 26 de mayo.

Renate fue la coordinadora de un informe de iniciativa que puso de relieve la importancia de esta práctica para mejorar la economía, el emprendimiento y el empleo. Podéis leerlo aquì completo. Como coinciden todos los intervinientes en estas jornadas convertir a los trabajadores en copropietarios genera un tipo de empleo más estable y mejores relaciones laborales,  promueve la innovación y la estimula las aportaciones operativas e industriales de los miembros de las compañías. Se fija además el empleo al territorio y se incrementa la productividad. Y por supuesto se reparte mucho mejor la riqueza que van creando estas compañías. Todas estas son virtudes bien conocidas de las cooperativas. Por eso, como dice Renate en el vídeo este es un verdadero instrumento de transformación de la cultura de las empresas.

Los datos confirman, sin duda que estas son las aportaciones a la economía de las empresas participadas. Actualmente en Europa hay 10 millones de trabajadores que son a la vez accionistas. El valor de sus participaciones en 2017 ascendía a 400.000 millones de euros. Hay estudios que constatan que estas empresas registran crecimientos en las ventas muy superiores a las que no tienen estos programas y tienen un índice de productividad superior hasta en un 5%. Como dice el informe al que nos estamos refiriendo, el rendimiento social de las empresas con participación accionarial de los trabajadores es un 52 % mayor que el de las que no tienen ni programas de este tipo ni planes de ahorro de los trabajadores.

La experiencia demuestra que impulsar este mecanismo de participación requiere programas potentes centrados básicamente en ofrecer incentivos fiscales a los trabajadores accionistas, apoyar transmisiones ordenadas de empresas de sus propietarios a los trabajadores cuando va a producirse un cese de actividad y proteger estas operaciones frente a la especulación financiera. Buscar socios con esa vocación de devolver al sistema financiera a su función instrumental, impulsar y engrasar el emprendimiento y la economía real, es otra de las patas de las estrategias que funcionan.

Esas han sido las claves de esta jornada en la que la representación vasca ha sido muy destacada. Y es que esta pulsión en favor de la economía social, está muy presente en nuestra sociedad. Al potente sector cooperativo se suman iniciativas como la de ASLRE, cuarenta años trabajando para convertir empleados en accionistas y el emprendimiento a través de las Sociedades Anónimas laborales. De hecho, hoy mismo esta asociación hacía públicos llamativos datos del resultado práctico de este esfuerzo. Las sociedades laborales implantadas en Euskadi emplean ya a 7.148 trabajadores y generaron el año pasado 223 nuevos puestos de trabajo. El crecimiento del empleo en estas compañías fue pues de un 3,2%. Lo más destacable es que estos puestos de trabajo son de buena calidad, la que cuadra con alguien que es dueño y trabajador de su empresa. En Euskadi hay ya 567 sociedades anónimas laborales que tienen una media de 12.6 trabajadores.

El reto es ahora tratar de que la Comisión Europea se anime a desarrollar una estrategia europea para promover este tipo de emprendimiento y participación. De momento instituciones, asociaciones y personas de Euskadi comparten buenas prácticas, amplían conocimientos y relaciones y comparten que esta es una palanca real de transformación y mejora de las condiciones de empleo y del propio emprendimiento. Un estímulo para que fluya el talento. Una clave no solo para que el crecimiento sea integrador. También para impulsar el conocimiento que lo anima y propiciar una sostenibilidad comprometida con el medio en el que se produce el emprendimiento.

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