NIK SINISTEN ZAITUT. EN RECUERDO A LA VICTIMA DE LA MANADA Y NAGORE LAFFAGE

Esta tarde hemos tenido un debate de urgencia en torno a la polémica sentencia contra los miembros de La Manada. Ante todos mis compañeros de escaño me he ratificado que creo a la joven que en mi opinión fue violada. Es muy difícil comprende el razonamiento de quién cree que no hay coacción y puede haber una negativa explicita y menos aún un movimiento de resistencia frente a cinco “machotes” envalentonados por la superioridad y la clandestinidad. Cinco personas dando rienda suelta a sus más bajos instintos en un portal frente a una joven sola. Pero he querido ir más allá. Creo que todos tenemos que conjurarnos para convertir este terrible error en una oportunidad. Para conseguirlo he apostado por tres tipos de medidas, un cambio individual para que deje de considerarse lógico que las mujeres vivan con miedo, una armonización para el tratamiento legal que se da en la Unión a la violencia de género y más formación para los jueces. 

Por eso he comenzado mi intervención esta tarde recordando que yo sí creo a la víctima de esta violación. Yo sé que no deseaba ni consintió mantener sexo grupal en un portal con cinco personas que solo pensaban en ellas mismas. Que la trataron como un objeto, sin amor ni respeto alguno. Que intercambiaron todo tipo de comentarios después que reflejaban lo que piensan no solo su víctima de aquel día sino de todas las mujeres.

“Nik sinisten zaitut” nola ez. Como la sociedad navarra y la vasca. Como el Parlamento Europeo que te aplaudió durante el juicio”, cuando suscite durante el juicio como se desarrollaba la vista oral en una intervención que realicé con ese objetivo ante la Comisión de Igualdad del Parlamento Europeo que provocó una ovación unánime de las asistentes. Igualmente he tenido un recuerdo para Nagore Laffage que, en las fiestas de San Fermín de 2008 fue asesinada por oponer resistencia a una violación.

Obrar así, tratar de construir sobre este error, sobre este problema es mucho más que seguir denunciando a gritos la injusticia. He leído muchas cosas estos días, pero una me ha hecho pensar más que las demás  y me ha ayudado a ratificarme en una idea principal. El cambio más importante comienza por uno mismo. Necesitamos tratar este fenómeno con otra mentalidad, cambiar nuestra perspectiva. esa nueva  mentalidad nos obliga a cada uno de nosotros a decir a nuestros hijos que acosar a las mujeres, que tratarlas como objetos es despreciable y que jamás les apoyaremos si lo hacen. Así avanzaremos más que si seguimos pidiendo a nuestras hijas que tengan cuidado solo porque son mujeres. Ya saben el riesgo que corren. Lo grave es asumirlo como normal. lo grave es que vivamos en un mundo que considera lógico que tengamos miedo. Nuestra libertad y dignidad necesitan ese cambio.

Acompañar ese cambio obliga además a armonizar en toda la Unión la regulación penal sobre violencia de género y adaptarla a los criterios del Convenio de Estambul”. Con ese objetivo presenté varias enmiendas que se han incorporado al informe sobre la orden Europea de Protección. Es ridículo que se exija a las mujeres que acreditemos un nivel de resistencia frente a una violación que nunca pedirían a quién sufre un atraco para certificar que le quitaron la cartera contra su voluntad. A Nagore Laffage, también en Pamplona, en 2008, le quitaron la vida por resistirse.

Finalmente no quiero precipitarme por la pendiente del tremendismo. No suele ayudar más que a enquistar posiciones. Me parece mucho mejor que asumamos todos y los jueces los primeros, con toda humildad, que deben mejorar su formación. Demasiados informes internacionales señalan que  en materia de delitos de género hay un enorme problema. En España también en  derecho comunitario o en materia de libertades fundamentales sufrimos un importante déficit. No lo digo yo. Lo recuerdan organizaciones como las naciones Unidas o el Consejo de Europa. Lo acreditan hechos como las condenas del tribunal de Estrasburgo en asuntos tan serios como la protección de delitos como la tortura. No banalicemos sobre la duración de una pena de cárcel, especialmente si creemos que su objetivo es la reinserción. No legislemos a golpe de manifestación. Apostemos mejor por asegurarnos que quienes aplican las leyes tengan los conocimientos suficientes para juzgar con los ojos, los oídos y los conocimientos de hoy.

 

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