DEVOCIÓN Y OBLIGACIÓN. POR UNA SOLUCIÓN HUMANA A LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS

Hoy hemos tenido en el parlamento europeo un nuevo debate sobre la situación del Mediterráneo y la crisis de los refugiados (os recomiendo la lectura de este documento) y hemos defendido la necesidad de abordar este problema desde un enfoque integral y humano de la inmigración y una visión honrada de nuestras relaciones económicas con el mundo si queremos resolver esta crisis.

En efecto, en el fondo de las aterradoras imágenes que estamos viendo cada día, un episodio que en los próximos años nos avergonzará, están estas dos cuestiones. La primera la renuncia de la unión a ejercer de tal, a imponer a todos sus miembros los valores que permitieron su entrada en este club que teóricamente solo emite democracias avanzadas. Por otra parte las relaciones peligrosas en el ámbito comercial y económico con países como Arabia Saudita que están en el origen de conflictos como el Sirio, que están vaciando aquel país de personas que no huyen del hambre y la miseria, sino del riesgo cierto de perder la vida en la multitud de episodios violentos, bélicos o terroristas que convierten aquella zona del mundo en un lugar inhabitable.

Por eso hoy he defendido que la Unión Europea pueda obligar a los estados miembros a cumplir las resoluciones que adopta sobre inmigración para evitar fracasos como el que se vivió con la resolución sobre el reparto de asilados por cuotas. Y he preguntado expresamente al comisario Avramópulos sobre los recursos de que dispone para sancionar a los incumplidores. Además he denunciado que el tratamiento de la actual crisis no es propio del espacio de Democracia, derechos y justicia social que ha sido la UE. Y lo digo en pasado porque el comportamiento de algunos estados en esta crisis convierte tristemente en pasado lo que ha sido siempre seña de identidad del proceso de construcción europea.

Es especialmente lamentable que este problema se haya enquistado por el miedo que existe en muchos estados europeos al discurso del populismo. Lamento decir que desde las primeras tragedias en la isla de Lampedusa hay soluciones bien claras sobre la mesa que no se han puesto en marcha por el táctil o con el que e enfrenta esta situación en muchos gobiernos europeos. Eso sí de los roble más demográfico que tenemos, de la necesidad de encontrar una solución al declive de las muchas zonas despobladas o en riesgo de despoblación, nadie habla.

Tras agradecer las propuestas y los intento de la Comisión Europea por plantear soluciones me ha dado pena comprobar que la frase que más ha repetido en el debate haya sido ” hay que sustituir”, ” hay que mejorar”, ” tenemos que crear”, mientras convivimos con cifras inaguantables de niños desaparecidos, imágenes indecentes de alambradas, de personas gaseadas y de campos de refugiados que nos hacen sentir vergüenza. Por ello hay que apoyar ya propuestas concretas, como las que aparecen en el informe a debate. Hay que sustituir palabras por hechos y hay que ponerles fecha. Por eso le he preguntado al Comisario el plazo en que pudieran ponerse en marcha las más urgentes como las referidas a los procedimientos de reubicación y reasentamiento, o el reconocimiento mutuo por parte de los estados miembros de las solicitudes positivas de asilo. Igualmente me parece imprescindible romper por abajo la dinámica de los estados.

Visto el grado de compromiso de los Estados miembros, que están cerrando fronteras, negándose a aceptar sus cuotas, y construir sistemas armonizados creo que hay que empezar por ahí. Necesitamos hechos, respuestas claras y más coherencia de los estados con compromisos en favor de la solidaridad y la Democracia que firmaron en sus respectivos acuerdos de adhesión. Hoy los estados son un obstáculo claro en la gestión de esta crisis que afecta a personas, a seres humanos. Por eso creo que resoluciones como las que hemos debatido hoy deberían ser de obligado cumplimiento y me gustaría que la Comisión Europea dispusiese de mecanismos para disciplinar a los incumplidores que, en esta crisis,  se sitúan al margen de los valores en que se basa la Unión Europea.

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