LA IGUALDAD DE GENERO NO SOLO ES JUSTA Y NECESARIA. ES UNA INVERSION

Esta tarde con la Vicepresidenta Reading tras el debate sobre el Informe en torno a la situación de la Igualdad en Europa en 2012

Esta tarde con la Vicepresidenta Reading tras el debate sobre el Informe en torno a la situación de la Igualdad en Europa en 2012

Hoy hemos empezado el pleno mensual en Estrasburgo con un debate sobre  el informe anual que celebra la eurocámara para analizar la evolución de las políticas de igualdad en Europa. Yo he defendido que la igualdad de género además de una cuestión de justicia es una inversión. La desigualdad no es solo una injusticia. Además de generar marginación, lesionar derechos fundamentales y producir muchas veces violencia, es una catástrofe desde el punto de vista económico. De hecho creo que es radicalmente incompatible con la estrategia 2020.

Me ha tocado durante el trámite de este informe representar a mi grupo en las negociaciones, lo que aquí se llama ser “ponente en la sombra” y estoy bastante satisfecha porque he conseguido mediante las enmiendas presentadas a este texto acentuar este enfoque en el documento que mañana votará la eurocámara. Tras los debates el informe incorpora con fuerza una idea sobre la que hay que insistir: la igualdad de género además de una cuestión de justicia es una inversión. La desigualdad no es solo una injusticia. Además de generar marginación, lesionar derechos fundamentales y producir muchas veces violencia, es una catástrofe desde el punto de vista económico. La desigualdad implica desaprovechar la fuerza laboral, la formación y la capacidad de la mitad de la población. Y eso además de injusto es ineficiente.

Durante las negociaciones he manejado muchas investigaciones, alguna de ellas elaborada en Euskadi por Emakunde, que demuestran que las mujeres, con la misma preparación que los hombres, aportamos otras habilidades a la economía y mejores dinámicas a la convivencia. Para empezar porque hemos aprendido mucho sobre la gestión emocional y ese es hoy un factor de excelencia y competitividad. Hay que empezar a medir estadísticamente esa aportación para que sea nítida, visible.

Las estadísticas sobre igualdad en Europa no son ejemplares porque no hay criterios homogéneos en los estados miembros ni siquiera sobre temas tan claros como0 el de la violencia de género. de hecho la pasada semana una encuesta ha tenido que rellenar este hueco. Pero la aportación de la igualdad a la economía hay que medirla ya. Hablar de esto, investigar sobre esto, saber sobre esto es fundamental para toda la ciudadanía pero especialmente para los detractores de las políticas de igualdad que retroceden en algunos países víctimas de los recortes. Lo necesitamos todas y todos, pero sobre todo los escépticos. Las cosas empezarán a cambiar de verdad cuando quienes se resisten a la igualdad, que suelen ser los mismos que bajo el pretexto de la austeridad están recortando el modelo social europeo, comprendan que estamos hablando sobre desarrollo, competitividad, innovación y eficacia. Además también sobre valores, humanidad y derechos fundamentales.

Y esto requiere ponerse las pilas en Europa pero además en los estados miembros. Eso me preguntaba la diputada húngara Ildiko Gáll en el debate. Porque aquí este tipo de asuntos suelen frenarse alegando que las políticas que los hacen efectivos son competencia de los estados. Yo creo que en el informe se aclara muy bien que competencias corresponden a cada uno y sobre todo pienso que necesitamos un estándar europeo de mínimos para que el modelo social del que presumimos pueda llevar el apellido de “europeo”.  ese es uno de los empe os de la Vicepresidenta Reading con la que he tenido la ocasión de encontrame tras el debate.

Por eso me ha parecido oportuno también cerrar esta intervención recordando las tres notas que deben caracterizar el desarrollo en Europa de acuerdo con la estrategia 2020: conocimiento, sostenibilidad y capacidad para la cohesión social. Si de verdad aspiramos a un desarrollo inteligente, sostenible e integrador  no podemos marginar por más tiempo el talento, la capacidad y el conocimiento solo cuando esos recursos los aportan las mujeres. Esa conducta es insostenible y no produce cohesión social. Por eso creo que la desigualdad es incompatible con la estrategia 2020.

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