CATALUÑA, EUSKADI, ESCOCIA, FLANDES, PROBLEMAS EUROPEOS

Esta tarde acabamos de tener un debate sobre la situación de los Balcanes que ha incluido un apartado dedicado a Kosovo. Como se suele decir la ocasión la pintan calva porque este es uno de esos casos que demuestran hasta qué punto los que en nuestro entorno se autotitulan “constitucionalistas” olvidan los principios en que se basa este concepto politológico en su versión más aceptada, la de Habermas. Y el caso enseña también el porqué. De aceptar que un demos compartido y su institucionalización democrática dan lugar a un estado constitucional se resolverían muchos problemas. Para empezar al menos sería posible un acto de contricción en torno al pecado original que afecta a la Constitución española de 1978. Y quizá pudiésemos avanzar en una solución democrática y razonable para las naciones sin estado integradas en España. . Tuve ocasión de dedicar a este asunto un extenso post en su día que os recuerdo aquí por si queréis curiosear

Durante el debate me he permitido recordar que cuando hay voluntad política todo es posible y he recordado que la positiva evolución de Kosovo ha sido posible porque las decisiones de la ciudadanía son estado cuando se institucionalizan en democracia. Lógicamente no he dejado de mencionar, como ya hice en debates anteriores  que cinco capitales europeas, entre las que se encuentra Madrid, no aceptan para otros ese principio democrático, sin reparar que es el mismo que dio origen a sus propios estados según su propia visión de los hechos.

Las claves del éxito de la Unión Europea como agente de paz y de progreso son el diálogo, la libertad, la democracia y la capacidad que ofrece esta estabilidad para generar progreso y desarrollo y repartirlo con justicia. Así se inició con la comunidad del carbón y el acero lo que hoy es la Unión. Y este espíritu y sus resultados han impedido que volvamos a las andadas. Una mención particularmente oportuna en un año en que se celebra el centenario del inicio de la primera guerra mundial.

Por eso he pedido que desde esta posición las instituciones europeas miren hacia el interior de la Unión y se animen a proponer soluciones para un problema real y actual.  Por no reconocer los problemas no desaparecen. Y es evidente que en nuestra unión también hay cuestiones nacionales en Escocia, en Cataluña, en Flandes, en Euskadi y en otros lugares. Estas tensiones territoriales son un problema europeo, por mucho que oigamos a las autoridades comunitarias decir que son problemas internos de los estados. Y es un problema europeo por dos razones: afecta a la estructura de las instituciones comunes y a derechos fundamentales de ciudadanía europea en esas naciones que expresamente ha insistido en que quiere seguir siéndolo.

Por eso cuando oigo que tal o cual nuevo estado secesionado saldría automáticamente de la Unión a la vez que se dice lo de cuestión interna de un estado miembro, me hago cruces. Como si la Unión fuese la misma sin la población de Cataluña, escocia o Euskadi o como si el Reino Unido o España no cambiasen tras un posible proceso de escisión. Y como si ambas circunstancias combinadas no produjesen un verdadero terremoto  en los equilibrio de poder y la representación que estos estados tienen hoy desde en el parlamento europeo al consejo. En fin una verdadera y estéril trampa en el solitario.

Por eso hoy he insistido en que hay que afrontar este problema con más realismo, asumir que es real, actual y europeo y obrar en consecuencia. Estos problemas se arreglan en democracia elaborando marcos institucionales que los canalicen por vías democráticas y pacíficas. Hoy hay un vacío en los tratados porque nadie esperaba cuando se aprobaron que llegásemos hasta donde estamos. Pero las sociedades y las estructuras institucionales evolucionan.

No me he quedado solo en animar a elaborar este marco. Me he animado también a detallar las bases para esa solución legislativa. Parafraseando la famosa sentencia de la corte suprema de Canadá en Europa ni se pueden impedir debates, ni se pueden imponer soluciones. Tampoco es razonable que sea la identidad nacional la que de acceso a derechos básicos de toda persona, como ocurre ahora en muchos estados miembros. La identidad debe ser un derecho individual pero no puede condicionar el acceso a derechos de las personas.  Sobre la base de estos principios he animado a empezar a trabajar en este campo y he ofrecido nuestra colaboración y total empeño para proponer soluciones desde Euskadi  una de esas naciones sin estado que sabe mucho de intolerancia y las facturas que genera. Resolver estas paradojas es fundamental para una ampliación hacia adentro de la fortaleza de nuestra unión, porque propiciará más adhesiones voluntarias, informadas y entusiastas a un proyecto cuyo primer objetivo son las personas.

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Comentarios (5)

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  1. Peloponeso dice:

    Que ilusos sois los “abertzales” vascos. No os van a hacer ni caso. Seguro que has dejado temblando a Barroso con esta propuesta. ¡¡¡¡jajajaja!!!!

  2. Bernardo dice:

    Peloponeso, más ilusos sois los hispanos que os creéis de verdad lo de la unidad eterna de la nación española. Repasa la historia y verás cómo se ha construido lo que hoy es España: hay desde conquistas militares a episodios de libre adhesión pasando por modificaciones unilaterales de marcos de convivencia que acabaron dando carta de naturaleza a movimientos como el nacionalismo vasco. Cito, como ejemplos: desde la conquista militar de Cataluña hasta la “voluntaria entrega” pasando por la destrucción unilateral del sistema foral en el Congreso de los Diputados o los reiterados incumplimientos, por ir a un referente más próximo, de los estatutos de autonomía o la propia constitución. Si no se mira, no se ve.

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