LA CULTURA MOTOR DE DESARROLLO Y CANTERA DE EMPLEO

Esta mañana la he comenzado en Bilbao, participando en un curso sobre industria creativa que organizaban al alimón la Diputación de Bizkaia y la UPV. La atención se centraba hoy en las industrias creativas y culturales. Este es un sector que ha tenido una progresión espectacular en los últimos años y que ha sido fundamental para la regeneración y el resurgimiento de algunas importantes ciudades europeas. Bilbao y su efecto Guggenheim es un ejemplo de ello. He compartido mesa con Jean Francois Aginaga y María Iglesias. El primero se ha dedicado a explicarnos el programa Europa Creativa pues es un alto funcionario de la Comisión Europea, institución que desarrolla este programa. Por su parte María ha explicado algunas experiencias prácticas como las de Nantes o Berlín que son ejemplos europeos de utilización de la cultura para la revitalización urbana.

A mi me ha tocado explicar cómo vemos este asunto desde el Parlamento Europeo. La armonización de las 28 normativas existentes en la actualidad en los estados miembros sobre los derechos de autor y la fiscalidad que se aplica a las producciones de la industrias culturales son dos de los principales retos pendientes para fomentar la actividad de este sector de actividad económica. Necesitamos cambiarle la imagen y hacer conscientes a las autoridades públicas de que estamos hablando de una industria capaz de emplear hoy en Europa a ocho millones y medio de personas y aportar el 4,5% del PIB continental. Nosotros como partido apostamos sin duda por reivindicar este sector de actividad como un motor económico y de generación de empleo e innovación y destacar y fortalecer el papel local y regional en el fomento del mismo y explotar su interrelación con los demás. No en vano hemos sido protagonistas de una experiencia que se pone como ejemplo de la capacidad de la cultura para cambiar la economía y la vida de las personas y las ciudades en que viven. Hablo del ” efecto Guggenheim

la cultura y las industrias creativas son importantes para la economía en su conjunto tanto por su propia capacidad para crear riqueza y empleo como por la innovación que aportan. Por eso trabajamos para cambiar la imagen social de un sector de futuro que necesita de una apuesta coherente de las instituciones. Eso es incompatible, por ejemplos, con los recortes que afectan en estos momentos a las actividades vinculadas al sector en general. A nivel europeo considero una barbaridad los 8.200 millones de recorte que los estados miembros quieren imponer al presupuesto del programa “Conectar Europa” porque va a afectar a las infraestructuras digitales y al despliegue generalizado de Banda ancha en toda Europa. Desde la perspectiva cultural es un recorte en inversión productiva porque las autopistas de la información son las arterias de la industria creativa de hoy y el espacio por excelencia de las del futuro.

Me han sorprendido un poco las nulas referencias a la piratería, porque el control de esta amenaza es clave para el desarrollo futuro del sector. Ho las tecnologías digitales nos ofrecen una capacidad de producción y replicación  y distribución tan grandes que limitarlas es parecido a poner puestas al campo. Se impone pues encontrar alternativas tecnológicas y modelos de negocio que superen claramente las limitaciones de los actuales.

He comentado también las incertidumbres tecnológicas y normativas que condicionan el futuro de las industrias culturales  en la era de la revolución digital. Este sector es el que ha visto alterada más profundamente su estructura empresarial, sus modelos de negocio y el reparto de participación y responsabilidades en la cadena de valor por las nuevas condiciones que  plantea el ciberespacio tanto desde la perspectiva de la protección de los derechos de autor como por el abaratamiento de costes para la distribución de bienes y servicios culturales, el papel que otorga a los usuarios y su capacidad de innovación y las oportunidades y recursos que ofrece a los creadores. Por eso creo que es tan negativa la dispersión normativa que afecta a una materia crítica para la producción de contenidos y la estabilidad económica de las industrias culturales y creativas como la que se refiere a los derechos de autor. También necesitamos armonizar a nivel europeo la fiscalidad que se aplica a las producciones de las industrias culturales. “Las diferencias en el IVA penalizan las producciones y el consumo cultural en algunos países,  perjudican la creación y afectan también a la competencia entre empresas creativas en el mercado interior europeo”.

Me ha parecido importante insistir en el relevante papel que la realidad otorga a las autoridades locales y regionales  en  el fomento del emprendimiento cultural, del que cada vez es más consciente la propia Comisión Europea. Muchas de las producciones e innovaciones que se registran en el sector tienen raíz local. Una potente programación cultural es clave para el funcionamiento de otras industrias en el ámbito local, por ejemplo el turismo.

Finalmente me parece imprescindible por esa mezcla entre local y global que tienen estas industrias que a nivel europeo pensemos en  un estatuto social y profesional de los creadores culturales a nivel europeo pues los profesionales del sector viven ya una movilidad coherente con las características de un mercado abierto pero a la vez muy fragmentado por las especificidades lingüísticas y culturales de Europa. Finalmente creo muy importante a la hora de decidir sobre los presupuestos públicos que pensemos también en los intangibles del sector cultural. No es una mercancía cualquiera. Es una expresión viva de diversidad con vocación de intercambio y convivencia. Es por lo tanto una herramienta de convivencia y un agente de justicia y de paz. No lo olvidemos cuando , como ocurre en los tiempos que corren, por desgracia hay más tijeras que lapiceros en las mesas de los gobiernos.

ibb.industriasculturales

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