SE HA HECHO JUSTICIA

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Esta mañana tenía clara mi primera obligación: acudir al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos en Estrasburgo para recoger la sentencia sobre el llamado “caso Atutxa”. Un minuto antes de las diez he recibido una copia en francés de este fallo judicial que condena a España por no haber respetado las garantías democráticas que caracterizan en los estados de derecho los juicios justos. En un asunto como este ni siquiera los acusados tuvieron ocasión de ser escuchados. Tengo la satisfacción de haber traído aquí, al pleno del Parlamento Europeo, la denuncia de este asunto. Como ya os conté entonces quienes tuvieron ocasión de escucharnos se quedaron sorprendidos de que un asunto así pudiese ocurrir en un país de la Unión Europea y pronosticaron que finalmente nos darían la razón. Así ha sido.

Esperando la sentencia en la sede del Tribunal de los Derechos Humanos

Esperando la sentencia en la sede del Tribunal de los Derechos Humanos

Es probable que los culpables de aquel atropello traten ahora de argumentar que el Tribunal de Estrasburgo no entra en el fondo de la cuestión y que no ha determinado si efectivamente se produjo o no en aquel caso un delito de desobediencia. A quienes así reaccionen les diré en primer lugar que el principio vulnerado anula la decisión que se adoptó, porque simplemente el juicio no fue justo. En consecuencia la condena sobre el fondo carece de valor porque no fue fundamentada.

Añadiré que la vulneración cometida es de la suficiente gravedad como para descalificar para siempre a quienes la cometieron. Porque era evidente que desde el principio aquel asunto incorporaba suficientes señales para saber que estábamos ante un proceso político. Desde la misma denuncia que originó el proceso, la política del llamado “pensamiento único” que reinaba en la época tuvo mucho más peso que el derecho y las leyes.

Para terminar esta parte de la argumentación concluiré diciendo que el Tribunal de los Derechos Humanos no podía pronunciarse sobre los asuntos vinculados con la legislación interna del estado miembro, porque su jurisdicción está vinculada a vulneraciones del convenio Europeo de los Derechos Humanos, a cuestiones que afectan a Derechos Fundamentales. En este caso por lo tato han entrado de pleno en el “fondo de la cuestión”. Y ha dicho algo bastante fuerte: que el Tribunal Supremo, al ponderar los elementos que utilizó para tomar sus decisiones se pronunció sobre cuestiones que no eran en absoluto jurídicas y que lo hizo, encima, sin escuchar a los procesados a los que luego condenó.

Es normal. Porque aquí no se trataba de juzgar, sino de condenar. Cuando los jueces, con la doctrina constitucional en la mano y analizando los elementos que el código penal atribuye al delito de desobediencia se pronunciaron sobre el caso, absolvieron por dos veces a los condenados. En primera instancia por entender, como era evidente que se estaba juzgando a unos diputados por votar en un sentido determinado en la tramitación de una reforma legislativa, algo evidentemente cubierto por la inviolabilidad parlamentaria que trae causa del principio de división de poderes. En segundo lugar por no haber podido acreditar que la conducta de los implicados reuniese las características que el código penal atribuye al delito de desobediencia. Porque los condenados impulsaron una reforma legislativa para tratar de cumplir aquel mandato, reforma que rechazó el parlamento. Para más INRI quienes en navarra procedieron de la misma forma no fueron ni procesados porque la cámara aprobó la misma reforma que no prospero en Euskadi.

En las dos ocasiones, un tribunal dependiente del Supremo presidido por el mismo magistrado que había firmado las actuaciones contra el Parlamento Vasco anuló las sentencias absolutorias para finalmente acabar llevando la causa a su propia casa y proceder a darse a sí mismo la razón. Bien es cierto que con unos votos discrepantes que, por cantidad y calidad, llamaban la atención. Todo, como se ve, ejemplarmente democrático.

La tramitación del incidente en el Tribunal Constitucional estuvo rodeada de los mismos vicios que en el Supremo. Que finalmente el redactor de la propuesta de sentencia fuese una persona con una directa implicación en los hechos como lo era el ya ex magistrado del constitucional Enrique López rozó el esperpento. Lamentablemente los mismos que se alarman hoy por los manejos realizados por el Partido Popular para colocarle a él y otra “persona de confianza” como Concepción Espejel gobernando las salas de lo penal que juzgarán los casos de corrupción en que se ha visto envuelto este partido no dijeron entonces absolutamente nada. Ya tuve ocasión de comentar y criticar esta actitud en un artículo de opinión.

 

En definitiva, se ha hecho justicia. Esperemos que quienes desde un supuesto patriotismo, desde una supuesta “defensa de los intereses del Estado”, se dedicaron entonces a laminar los derechos fundamentales de unas personas que estaban respetando las leyes, tomen nota. Porque no le han hecho precisamente un favor al prestigio internacional de su país, que nuevamente queda a la altura del barro. Porque los tiempos del “pensamiento único” están provocando ahora en forma de sentencias como esta, una resaca mucho más que viva y retratando la “utilidad” patriótica de los que se dedicaron a cometer este tipo de atropellos.  Un retrato de la bajísima calidad democrática con que funcionó el estado español bajo el dominio del que pretendió pasar a la historia como “el mejor presidente de la historia de España” y que termina con una secuencia importante de sentencias como la que hoy comento y con todos los cerebros de su mal llamado “milagro económico” procesados por corrupción.

 

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    Comentarios (2)

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    1. Io dice:

      El TEDH ha emitido Sentencia en la demanda planteada por esas tres persona dentro de un largo conflicto ante los Tribunales, motivado por su actuacion desde un òrgano del Parlamento Vasco, actuacion juzgada antijuridica y punible por los Tribunales españoles. congratulo de ello. El Tribunal Supremo se pronunció, en su día, sin oir a los justiciables y, con ello, les produjo indefensión, contra la que reaccionaron, llevando su caso ante el TEDH.
      Como aún no he leido esa Sentencia del TEDH, nada más añadiré ahora.
      Si el Gobierno no recurre en plazo, adquirirà firmeza la resolución hoy notificada, como usted bien sabe.

      Salud y saludos, también en martes y también en 13, ¡faltaría más!

    2. Io dice:

      También desde el País vasco se ve el contenido y el alcance de la reciente Sentencia del TEDH amparando a Atutxa y sus dos colegas en su demanda contra España en unos términos distintos a los que pretende el PNV.
      Hubo violación del artículo 6.1del Convenio europeo al condenarles el Tribunal Supremo sin oirles en el proceso, de acuerdo con la Sentencia del TEDH.
      Todo lo cual no equivale, en absoluto, a validar como legítima y ajustada a Derecho la actuación del Sr. Atutxa y sus colegas en el asunto que les enfrenta al Estado ante la jurisdicción española.

      Aquí, un artículo sobre el tema, para quién pueda estar interesado en ello:

      Lo cierto en el ‘caso Atutxa’

      El Correo / J. M. RUIZ SOROA

      Es escandaloso que el tribunal español encargado de defender los derechos de los acusados los haya violado, pero la sentencia europea para nada respalda su actuación.

      Los comentarios proferidos a raíz de la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que declara que los derechos de los condenados en el proceso fueron violados por el Tribunal Supremo español al condenarles por un delito de desobediencia, son altamente confusos e interesados, de manera que el lector puede llegar a conclusiones equivocadas.

      Por ejemplo, la de que el Tribunal Europeo ha convalidado la actuación del señor Atutxa y demás acusados, o ha reconocido que no estaba en su mano disolver el grupo parlamentario como exigía el Tribunal Supremo, o que no desobedecieron a éste. Y tales conclusiones no serían correctas, por la sencilla razón de que el Tribunal Europeo no ha entrado en el estudio de tales cuestiones, ni las ha resuelto, porque no son, sencillamente dicho, el objeto de su jurisdicción. Ni siquiera puede decirse que el Europeo haya anulado la Sentencia del Tribunal Supremo y la condena por desobediencia, lo que ha dicho, que es lo único que juzga, es que el Tribunal Supremo español, al condenarles, violó el derecho de defensa del artículo 6-1º del Convenio Europeo.

      Y lo violó por una razón puramente técnica o de procedimiento, que nada tiene que ver con los hechos subyacentes al caso, sino con una cuestión que una y otra vez, de manera preocupantemente repetida, se suscita contradictoriamente entre la jurisdicción española (incluida la constitucional) y la europea. Que no es sino la de las exigencias o requisitos que deben cumplirse por el Tribunal Supremo cuando éste invierte una previa sentencia absolutoria dictada por un tribunal inferior y condena a quien previamente fue absuelto porque se consideró que el acusado no tenía intención o dolo de cometer un delito, mientras que el Tribunal Supremo estima que sí tuvo esa intención o dolo. Es decir, cuando el Supremo modifica la apreciación sobre los elementos subjetivos del delito que había hecho el tribunal de instancia.

      Una progresiva doctrina del Tribunal Europeo, ya antigua de 15 años, ha establecido que cualquier modificación en los elementos fácticos del delito cometido por el acusado absuelto en primera instancia exige necesaria e inapelablemente que ese acusado, antes de que la modificación se produzca, sea escuchado en persona e interrogado acerca de esa cuestión. Es decir, debe tener el derecho a discutir en persona el hecho que se le atribuye, mediante su declaración directa e inmediata ante el tribunal. Y como resulta que en el proceso de casación español ante el Supremo no cabe, según la ley, la comparecencia e intervención personal y directa del acusado sino solo la de sus abogados, la conclusión es obvia: el Tribunal Supremo no puede condenar a quien había sido absuelto si para ello revisa un elemento de hecho, en concreto, la intención o conciencia del acusado al realizar los hechos juzgados.
      Obsérvese que no es que el Tribunal Europeo prohíba revisar las sentencias y condenar al absuelto antes. Esto es lícito. Lo que no se puede es hacerlo sin escuchar al acusado. Y si se hace, se está violando su derecho a defenderse.

      En nuestro caso, todo gira en torno a la cuestión de si el señor Atutxa y otros se negaron de manera consciente y deliberada (‘negativa abierta’) a cumplir con la orden de disolver el grupo parlamentario de los terroristas. El Tribunal de Bilbao que les juzgó consideró por mayoría que no, después de amplia prueba, y les absolvió en 2006. Recurrida la sentencia al Tribunal Supremo, éste volvió a estudiar toda la documentación y consideró que sí había habido intención consciente y deliberada de desobedecer, por lo que les condenó a inhabilitación y multa en 2008. Pero lo hizo sin escucharles en persona, violando así la doctrina establecida por el Europeo.

      Cierto que en 2008, cuando se produjo esta condena, el Supremo sostenía todavía que la intención o conciencia del delincuente no era un hecho propiamente dicho, sino una valoración jurídica, por lo que el Alto Tribunal podía modificar las sentencias absolutorias sin infringir la doctrina europea.

      Ahora bien, si la actitud del Supremo fue cuando menos equívoca, la que no merece sino reproche oprobioso (a este jurista le da vergüenza tener que comentarla) fue la del Tribunal Constitucional, que en 2013 conoció del sucesivo recurso de amparo. Porque para entonces, para 2013, la doctrina de que los juicios sobre la intención o conciencia subjetiva del acusado no eran valoraciones jurídicas sino hechos y que por ello no podían ser modificados por el tribunal revisor sin escuchar al acusado, había sido remachada ad nauseam por el Tribunal Europeo (Caso ‘Serrano Contreras’ en 2012). Por lo que, para soslayar la infracción cometida, la mayoría del Constitucional español leyó como quiso la sentencia del Supremo y dijo que allí nada se hablaba de intención, dolo o conciencia. Lo denunció con serena indignación la magistrada Asúa en un voto particular.

      Resulta especialmente escandaloso que el tribunal español encargado de proteger los derechos humanos de los acusados los haya en este, y otros casos similares, desconocido y violado. Probablemente, también hay que decirlo, por un corporativismo judicial mal entendido entre magistrados de carrera.

      Pero este juicio no cambia para nada el hecho cierto de que la sentencia europea se limita a lo que se limita, dice lo que dice, y para nada respalda, aplaude o convalida la actuación del señor Atutxa en aquellos lejanos días en que el Parlamento vasco decidió torpedear la decisión de ilegalizar a los terroristas.

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      Salud y saludos

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