A FAVOR DEL CETA POR EL EMPLEO Y EL CRECIMIENTO

| 15 febrero 2017 | Responder

Esta mañana, sin ningún complejo y con la satisfacción de obrar en conciencia, he apoyado la firma del acuerdo de libre comercio e inversiones entre la Unión Europea y Canadá, (CETA por sus siglas en inglés) porque favorecerá el crecimiento y el empleo. Tras años de trabajo, tras seguir especialmente la trayectoria de las negociaciones y los desvelos de la Comisaria Malmstrom por hacer evolucionar el aspecto más controvertido del acuerdo, los tribunales de arbitraje, tras comprobar que esos esfuerzos daban resultado y que este acuerdo mejorará los más de 1.600 bilaterales que al abrigo del anterior sistema funcionan en el mundo sin tanto escándalo, he votado a favor.

Como veremos más adelante, este acuerdo es especialmente importante para las pequeñas y medianas empresas que generan y mantiene el 90% del empleo en la Unión Europea. Frente a la falta de alternativas a la firma del acuerdo oportunidades, como la que abre el CETA, son siempre mucho más que un NO. En un país como el nuestro, exportador e industrial, los beneficios se multiplican y harán mejorar, sin duda nuestras ventas en el exterior, en un país estratégico también por su proximidad con los Estados Unidos. Por si alguien no lo sabe la presencia vasca en el gigante americano es creciente en ventas y radicación de empresas.

En estos años he recorrido muchas empresas, muchas pymes, explotaciones agrarias, bodegas, empresas de ingeniería, de servicios, pequeñas compañías innovadoras, punteras en sus ámbitos o empresas familiares que se han convertido en grandes compañías. No he encontrado ninguna, ni una sola, que haya expresado temor alguno ante este acuerdo o el mismísimo y demonizado TTIP. Por el contrario eran inmensa mayoría las que pensaban que el CETA les abre puertas que ahora permanecían cerradas para ellos por culpa de la burocracia y los aranceles. El empleo de los trabajadores de esas compañías mejorará y la capacidad de contratar más personal también con nuevas oportunidades de mercado. Por eso he votado a favor. Y por eso  ya me opuse a retrasar la aprobación de este acuerdo cuando se propuso el pasado mes de noviembre . Por cierto que la mayor parte de los sindicatos de los paises nórdicos están a favor del acuerdo, organizaciones nada sospechosas de carecer de sensibilidad social.

Por otra parte los descritos obstáculos, contra lo que dicen los detractores del acuerdo, a los que respeto profundamente, no suponen problema alguno para las multinacionales que en el discurso oficial de los del “no” son las inspiradoras y beneficiarias de este acuerdo. Curiosamente en esa posición coinciden la izquierda radical y la más rancia y cutre de las derechas europeas como la que encarna la ultraderechista Marine Le Pen. Estas expresivas fotos lo dicen todo y ponen especialmente nerviosos a quienes las protagonizan. Ellos sabran por qué. En el fondo las fórmulas proteccionistas  que se parecen en dos cosas, en esa idea imposible de poner puertas al campo y en que esas propuestas han  demostrado reiteradamente que no funcionan.  Como ya dije en alguna otra occasion conocemos el nivel de fracas que todas estas organizaciones tienen en el ámbito de las profecías.

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Había que oír esta mañana a esta representante del más rancio fascismo cantar alabanzas a las recetas proteccionistas de Trump y anunciar que las aplicará a Francia, como si eso fuese posible en el mundo de hoy. Especialmente porque una inmensa mayoría de empresas francesas se opondrían radicalmente a semejante barbaridad. Imaginaos, por ejemplo que ocurriría si a la Le Pen se le ocurre poner aranceles a los Citroën que se fabrican en Vigo o los Renault que se montan en Valladolid cuando los compren los ciudadanos franceses.

Frente a esa retahíla de recetas anticuadas y reconocidamente fracasadas resulta más que evidente el positivo impacto que el desarme arancelario para los productos europeos en Canadá y las posibilidades de acceso a la contratación pública tendrá en muchas empresas europeas. El impacto será especialmente positivo para las pequeñas y medianas empresas a las que además ahorrará enormes cargas administrativas que ahora frenan sus posibilidades exportadoras hacia aquel país norteamericano. Por eso el CETA favorece especialmente a las PYMES las principales creadoras de empleo en la Unión Europea, ha dicho la eurodiputada vasca, pero además, porque abre nuevas oportunidades de intercambio en sectores en los que somos líderes mundiales en calidad y tecnología, incluidas las producciones primarias de alta calidad, lo que solo puede reforzar esta posición.

También resulta difícil de creer que un país del tamaño de Canadá, en el que funcionan estándares sociales que mejoran con mucho los que hay en no pocos estados de la Unión vaya a empeorar los de la UE en su conjunto. Quienes sostienen esta posición o no conocen la realidad de algunos de los estados miembros o creen que es más cómodo hacer este discurso fácil que trabajar por la mejora de las condiciones laborales en muchos estados europeos, una más adecuada convergencia y el final del dumping social que se produce en el mismo seo de la UE sin que hayamos visto movilizaciones semejantes para denunciarlo y colaborar en su erradicación.

Por el contrario, acuerdos como este son el mejor procedimiento para enfrentar la competencia con otros espacios económicos que se presenta en el mercado internacional con productos fabricados bajo estándares medioambientales y sociales muy inferiores a los europeos. Compartimos con Canadá valores y principios que van a salir reforzados al crecer con un acuerdo que los hace más presentes y fuertes en el comercio mundial. Esta es la mejor respuesta frente a otros estándares sociales o medioambientales que, sin acuerdos como este, encuentran más facilidades para prosperar.

El CETA mejora también el funcionamiento del sistema internacional de arbitraje que rige para regular litigios en acuerdos comerciales internacionales y que debe confluir, de acuerdo con la posición europea hacia una corte internacional especializada en esta materia. En todo caso este acuerdo mejora los más de 1.600 en vigor con la fórmula anterior, un mérito corresponde por completo a la silenciosa constancia de la Comisaria de Comercio Cecilia Malmstrom, sueca de origen y con una indudable sensibilidad social basada en obras más que en declaraciones. El equipo de Comercio de la Comisión Europea ha demostrado en esta legislatura conocimiento, capacidad real para hacer evolucionar realidades hasta ahora inmóviles como el sistema de arbitraje y sensibilidad social y capacidad de interlocución.

 

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